Actualización Marzo de 2012

Protagonistas Agroforestales

Aquí encuentra reseñas o historias de vida de personas, hombres y mujeres, que realizan actividades significativas en la conservación, la Agroforestería, agricultura ecológica, orgánica, etc.

 

En este momento presentamos la historia de vida de Juan Bautista Arango Rincón en la finca Altamira, campesino del corregimiento Felidia, en zona rural de Santiago de Cali, Colombia.


 

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Juan Bautista Arango R. y su finca Altamira , un ejemplo de constancia


Juan Bautista Arango R. y su finca Altamira[1], un ejemplo de constancia[2]

Actualización: Marzo de 2012    Alfredo Ospina A. / Ing. Agrónomo / Colombia[3]

                                              

INTRODUCCIÓN

La pérdida de memoria y de referentes de la agricultura indígena y campesina ha facilitado que se entronice la práctica de la agricultura convencional, como única y válida forma de producir alimentos en el campo. Las secuelas son evidentes.

Es frecuente escuchar a docentes, técnicos y campesinos jóvenes que sin venenos no se puede producir. De esta manera el monocultivo, la monocrianza animal y la monoplantación de cipreses, pinos y eucaliptos homogenizan el paisaje. La resignación fatal a la dependencia alimentaria se podría explicar por la pérdida de la memoria y el desconocimiento de experiencias significativas que contribuyen a recuperar del olvido lo que se ha sido, todo lo que se puede ser y hacer para el bienestar humano y de la naturaleza.

Juan Arango en su finca Altamira, en zona rural de Santiago de Cali, es un ejemplo de constancia y vitalidad de quien ha recuperado la memoria de lo que se puede ser y hacer. Con tenacidad y organización, más que con abundancia de recursos materiales, aunque sin duda son necesarios.

Juan es un campesino que no recurre a sorprender con conceptos elaborados ni tecnicismos, pues no lo pretende ni requiere. En cambio, mientras recorre su finca Altamira explica con sencillez la transformación de su finca. En cada lote muestra lo que había antes, lo que existe en la actualidad, por qué y cómo lo logró. De esta manera su finca, su obra, en cada lote y fracción habla en detalle del trabajo de Juan. Adquirió una finca convencional, con predominancia de potreros y café sin sombrío, la cual transformó en una finca ecológica a partir de dos hechos significativos en su vida. En este proceso Juan también cambió.

A sus 76 años de existencia y 1.70 m. de estatura, los últimos 16 años han logrado transformarlo y acumular una experiencia que ha documentado y atesora en su finca Altamira. En la vereda Felidia, con clima medio, a tan sólo 30 minutos del casco urbano de Santiago de Cali, Juan cuenta su historia, su proceso, como si no hubiera pasado el tiempo. Juan es un cuidador del agua y del suelo, y también de un bosque, él lo sabe y lo hace con responsabilidad.

Muchos campesinos e indígenas, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, que practican la agricultura convencional, que utilizan con rigor el fósforo encendido, hacha y azadón, si conocen la experiencia de Juan Arango en Altamira, tal vez, sólo tal vez, saldrían de estas 19 hectáreas con una enseñanza aprendida diciendo: si Juan pudo, yo también. La síntesis de lo aprendido seguramente les daría pistas de otro mundo posible. Igual sucedería con educadores, tomadores de decisiones de políticas agrarias y ambientales municipales de Santiago de Cali. Seguro que sí.

SANTIAGO DE CALI Y EL CORREGIMIENTO FELIDIA

Santiago de Cali fue fundada el 25 de julio de 1536, cuando sólo era un caserío, con el propósito de establecer un sitio de paso entre el mar Pacífico (Buenaventura) y el interior del país (Bogotá) (Cobo, 1962).

Santiago de Cali, con una extensión de 56.026,2 ha se encuentra a 3°27’26’’ latitud Norte, 76°31’42’’ longitud Oeste, 1.079.5 msnm, 24.8°C y 1.199 mm/año (DAP, 2004).

Entre el siglo XVI y XIX su abastecimiento de agua dependió del río Cali y en la segunda mitad del siglo XX tomaría además otras fuentes de agua superficial, los ríos Cauca y Meléndez, donde construiría varios acueductos (Patiño, 2008).

En la actualidad, con más de dos millones de habitantes, esta ciudad calurosa, ubicada en la planicie y pie de monte de la cordillera Occidental, se precia de ser una ciudad con siete ríos: Cali, Meléndez, Pance, Cañaveralejo, Lilí, Aguacatal y Cauca, seis de ellos nacidos en la cordillera Occidental (Salazar, 1984).

La cuenca del río Cali es la más extensa del municipio, aunque es estrecha, con un caudal promedio de 2.0 m3/s;  está constituida por las subcuencas de los ríos Pichindé, Pichindecito, Felidia, Aguacatal y Cabuyal, además de pequeñas quebradas (Patiño, 2008).

De manera paulatina, en poco más de 60 años, cada uno de los ríos que le abastecen del vital líquido a Santiago de Cali, han sido liquidados. La destrucción de ellos no se debe sólo a la sustracción del agua para consumo humano, sino por el proceso paulatino de destrucción de sus bosques, que ocupaban las montañas y ribera de los ríos y quebradas.

El corregimiento de Felidia (Fig. 1 y 2) se encuentra en la vertiente oriental de la cordillera Occidental, a treinta minutos del casco urbano de Santiago de Cali. Felidia está constituido por la cabecera y las veredas La Esperanza, Las Nieves, El Diamante, El Cedral, y La Soledad (DAP, 2004).

  Figura 1. Plaza central del corregimiento Felidia, Santiago de      Cali.   Figura 2. Vista parcial del corregimiento Felidia, Santiago de Cali.


La deforestación, quema y potrerización han impactado de manera negativa la cuenca del río Cali y sus tributarios (Figura 3). De ahí la necesidad de configurar opciones tecnológicas, económicas y sociales de sistemas de producción sostenibles (entre ellos los sistemas agroforestales), además de la conservación de los bosques nativos para proteger estos cuerpos de agua (Figura 4).

  Figura 3. Deforestación en la subcuenca del río Pichindé, Santiago de Cali.   Figura 4. Conservación de riberas del río Felidia, Santiago de Cali.


JUAN Y LA FINCA ALTAMIRA

Juan Bautista Arango Rincón acaba de cumplir 76 años. Juan es un agricultor ecológico y cuidador del agua en su finca Altamira, en Santiago de Cali. Como muchos campesinos ecológicos realizan su labor cotidiana, y la inmensa mayoría de sus beneficiarios no lo saben, su labor es desconocida y poco valorada.

Juan nació el 31 de enero de 1936 en el corregimiento La Habana, zona rural del municipio de Buga, Valle del Cauca, Colombia. Su familia constituida por su madre, padre y 9 hermanos, de los cuales en la actualidad viven seis, cinco hombres y una mujer, en ciudades dispersas. Cuando niño su familia se trasladó al corregimiento Galicia del municipio de Buga y luego vivió en varias veredas del municipio de Sevilla, al norte del Valle del Cauca, donde su madre era profesora escolar. Luego fue enrolado en el ejército nacional. En el año 1953, en el municipio de Pradera, Valle del Cauca, conoció a Gladys Moreno, quien luego sería su mujer. Con ella es padre de cuatro hijos. Uno de sus hijos construye, con materiales de la finca, una vivienda en la parte alta de la finca Altamira.

Hace 57 años, en el año 1955 Juan Arango conoció esta finca, que era propiedad de María Jesús Hoyos, abuela de Gladys Moreno, la mujer de Juan. Desde el primer momento a Juan le gustó la finca, por el clima, su cercanía con Cali y existía facilidad de transporte. Desde ese momento se visionó viviendo de nuevo en una finca, volver a ser campesino. María de Jesús le ofreció en venta la finca, y entre 1968 y 1972, la pagó por cuotas, en dos lotes que anexó. Así adquirió la finca Altamira.

La finca familiar Altamira se encuentra a 1.700 msnm, en clima medio, vereda El Cedral, corregimiento Felidia, en Santiago de Cali. La finca está a dos kilómetros por un carreteable despavimentado, tapizado con grava, y bien asentado, que desde Felidia conduce a la vereda El Cedral, del cual hace parte la finca Altamira. La finca Altamira tiene 19 hectáreas, de las cuales en la actualidad 10 están en reserva de bosque subandino secundario (Fig. 5 y 6).

  Figura 5. Juan B. Arango frente al mapa parlante de su finca Altamira.   Figura 6. Mapa de la finca Altamira.


EL PROCESO DE JUAN

Desde 1980 Juan vive en la finca Altamira. En estos 32 años de experiencia ha pasado por varias etapas. La primera es la que él califica como “agricultor convencional”, para significar que en ese entonces aplicaba insumos químicos, erosionaba el suelo, contaminaba el agua y vivía endeudado. En la actualidad se reconoce como un agricultor ecológico y manifiesta “de aquí para atrás ni para coger impulso.”

Juan, ¿cómo sucedió esto?, es decir, ¿cómo dio Ud. el salto de ser un agricultor convencional a uno ecológico? Responde de manera tranquila pero categórica: “lo primero es mi referente en Sevilla, donde viví mi infancia y ahí observaba que el café siempre tenía sombrío y los segundo fueron los talleres con Juan Carlos Riascos”.

De Sevilla cuenta que a mediados del siglo XX todos los cafetales tenían muy buen sombrío, con muchas especies de árboles. Luego, con las nuevas variedades los cafetales fueron desprovistos de su sombrío. Juan nunca olvidó ese tipo de sistema y cuando volvió al campo fue el primer sistema que estableció.

El segundo aspecto fueron los talleres en los que participó en el año 1997 y 1998 dirigidos por Juan Carlos Riascos de la Peña [4], junto con otros 14 agricultores del corregimiento de Felidia. Con Juan Carlos se reunían en la Junta de Acción Comunal los días sábados y realizaron talleres de conservación de recursos naturales y elaboraron un diagnóstico ambiental del corregimiento de Felidia[5]. Producto de esos talleres identificaron que la causa crítica de la situación ambiental era la falta de conciencia y falta de capacitación en el manejo de sus recursos naturales. Posteriormente, a finales del año 1998, en la finca Altamira, orientados por Juan Carlos R., cinco campesinos participaron de un taller de planificación predial[6].

Durante el taller Juan encontró que su finca contaba con varios factores de insostenibilidad, con graves efectos en su finca y calidad de vida familiar, factores a los cuales identificaron correctivos y recomendaciones. De los cinco agricultores, Juan, en solitario, con sus recursos y dedicación logró su transformación personal y la de su finca Altamira.

Pero Juan Arango ya venía con inquietudes en relación con el manejo de su finca. En el año 1980, cuando se instaló definitivamente en la finca Altamira, los principales usos del suelo eran ganadería y café tecnificado o convencional (sin sombrío). El cafetal sin sombrío era afectado por muerte descendente y se quemaba, debido a la influencia de los vientos que bajan de la cordillera Occidental. Los potreros se encontraban en pendientes superiores al 70%, con 11 vacas criollas. Sustituyó por cafetales los potreros que colindaban con un bosque secundario y nacimiento de agua, lo cual lo obligó a vender 10 vacas y dejó sólo una, para la leche, y un pequeño potrero en la zona plana de la finca, donde no hay erosión. Cuenta que las vacas bajaban hasta el río Felidia a beber agua. El dinero de la venta de las vacas lo invirtió, junto con sus ahorros, en la finca. En ese lote de pasturas instaló un cafetal con sombrío multiestrata de musáceas, guamos, nogales, cedro común, cedro rosado y aliso; utilizaba fertilizantes de síntesis química.

Por supuesto, aquello que luciría una locura, tendría una enorme coherencia ambiental, social y económica.

A partir de los talleres con Juan Carlos R. identificó la situación de su finca y economía familiar, y la necesidad de introducir correctivos para mejorar sus recursos naturales y la economía familiar, en ese momento sumido en deudas económicas, aun con suelos erosionados y, lo más grave aún, contaminando las aguas.

Una de las primeras acciones que realizó Juan fue proteger sus dos nacimientos de agua y las dos quebradas que corren a lado y lado de la finca, y aprovecharla de manera adecuada en su finca. En el año 2000 mediante la utilización de las excretas de los cerdos  instaló el biodigestor, por medio del cual ya no contamina el agua del río Felidia, produce abono, peces y gas metano con el que cocina en la vivienda (Fig. 7).


Figura 7. Sistema integrado de manejo de aguas de excretas de cerdos: biodigestor, trampa de sólidos, canaleta con buchón de agua Eichhornia crassipes, estanque de peces y salida de agua.

Luego del taller de planificación dejó de comprar fertilizantes químicos y reordenó la estructura de lotes para facilitar el trabajo, así como el flujo de materia y nutrientes de la finca.

En el año 2002 en la finca Altamira el promotor de la agricultura orgánica, Jairo Restrepo R. realizó un taller de abonos orgánicos; desde entonces mejoró la preparación y aplicación de abonos sólidos e incorporó abonos líquidos; en la actualidad prepara y utiliza cinco abonos, dos sólidos y tres líquidos.

En la parte alta y plana de la finca, donde había un rastrojo bajo, la adecuó para potrero donde pastorea una vaca y un caballo. En ese lote, con cerca de una hectárea va a introducir un sistema silvipastoril.

Para mejorar la alimentación de monogástricos (cerdos) y sustituir la compra de concentrados incorporó varias forrajeras, a manera de banco o lote diversificado e introdujo la máquina picapasto. Fue así como aprendió a producir y aprovechar la caña forrajera, bore Alocasia macrorrhiza, botón de oro Tithonia diversifolia, nacedero Trichanthera gigantea y ramio Boehmeria nivea, además de pastos de corte.

De forma paulatina Juan ha configurado, adaptado y aplicado distintas opciones tecnológicas de agricultura ecológica, entre ellas el cafetal con sombrío, uso del biodigestor, elaboración y aplicación de abonos sólidos y liquidos y alimentación autónoma de sus animales de cría (Fig. 8).


Figura 8. Cafetal con sombrío, biodigestor, abonos sólidos y abonos líquidos y forrajeras en la finca Altamira.

Juan, de todo esto que me ha mostrado hoy, ¿cuál es su principal logro en Altamira? Manifiesta: “convertir un potrero en un bosque secundario”. En la parte media tiene un guadual; de la parte media a la parte baja de la finca, con una pendiente superior al 50%, mediante abandono y la activación de la sucesión secundaria este lote es una maraña de arbustos y árboles, lugar de anidación y alimento de aves y roedores de la subcuenca del río Felidia (Fig. 9).


Figura 9. Área de regeneración y guadual, y Juan Arango junto al río Felidia, en la finca Altamira.

En la parte central de la finca, justo en la parte superior del bosque y al lado del guadual, tiene pasto de corte, una platanera y la huerta, la que está cercada de nacedero. Este es el componente alimentario familiar. Además tiene, cerca de la vivienda, gallinas y cerdos que alimenta con productos de la finca.

La finca Altamira genera dos empleos permanentes directos. En la actualidad está renovando parte de su cafetal.

Además del trabajo en su finca Juan es miembro de cuatro asociaciones campesinas locales: Agrocampo Felidia, Asociación de usuarios del agua potable del agua del corregimiento de Felidia, Red de amigos del medio ambiente y la Red turística de Felidia.

Al preguntarle, Juan, ¿cuál es la clave para el logro del cambio en su finca? Es enfático en su respuesta: “las ganas, las ganas de cambiar.” Acerca del apoyo institucional manifiesta: “el apoyo que he tenido no ha sido mucho, pero no soy desagradecido, me han colaborado”. Plántulas de árboles, material documental, semilla de lombriz roja californiana y la realización de capacitaciones en la finca Miraflores constituyen el apoyo recibido.

Juan, ¿qué ha ganado Ud. en los últimos 16 años con esta experiencia?: “Plata no tengo. Tengo es una inmensa satisfacción de haber cambiado yo y haber transformado mi finca.” Hace una pausa, para coger impulso: “En estos años he aprendido mucho, no ha sido fácil, pero he aprendido”. Esto lo dice Juan, en la parte baja de su finca, mientras observa el fluir del río Felidia.

Juan, de lo aprendido a partir de su experiencia, ¿qué considera es lo más importante y de destacar? En una frase hace la síntesis de su trabajo: “Lo relacionado con el cuidado y manejo del agua, la protección del suelo y la regeneración del bosque nativo”.

La finca Altamira y Juan constituyen una biblioteca de muchos volúmenes. Juan toma registros técnicos y económicos de la finca, la cual conoce como la palma de su mano. Manifiesta que su finca “es un espacio para la modelación de sistemas agropecuarios sostenibles, ecológicos.”

Desde del año 2003 Juan ofrece capacitaciones a otros campesinos, jóvenes estudiantes universitarios y de secundaria. Estas 19 hectáreas de la finca Altamira y Juan Arango, sin duda, constituyen un referente para los habitantes de Santiago de Cali y para muchas familias campesinas e indígenas de la región andina de Colombia. ¿Qué apoyo de la sociedad e institucional requieren muchas familias rurales para seguir los pasos, o similares, de Juan Arango?

AGRADECIMIENTOS

Agradezco a Juan Bautista Arango por su hospitalidad y generosidad para la realización de esta reseña.

BIBLIOGRAFÍA

COBO VELASCO, Alfonso.  Calendario biográfico y genealógico de Santiago de Cali. Colombia: Imprenta Departamental, 1962.  223 p.
DEPARTAMENTO ADMINISTRATIVO DE PLANEACIÓN-DAP-.  Cali en cifras (2004): DAP, 2004.  120 p.
PATIÑO SPITZER, Sylvia Vera.  Agua en la vida de Cali: PATIÑO, 2008. 225 p. 
SALAZAR, Rafael H.  Así es Cali: Educar, Bogotá, 1984.  82 p.

1. Altamira, finca agroecológica. Celular (097-2) 3136002621; altamirajuan@hotmail.com
2. Cite este documento así: OSPINA A., A.  Juan Bautista Arango R. y su finca Altamira, un ejemplo de constancia. [En línea]. Marzo de 2012. [Fecha de consulta]. Cali, Colombia. www.agroforesteriaecologica.com 
3 Autodidacta en Agroforestería ecológica. Correo electrónico: alfredosp@emcali.net.co y agroforesteriaecologica@gmail.com y alfredospinante@hotmail.com
4. Había sido director de la Fundación Herencia Verde, con experiencia en conservación de recursos naturales en Salento, Quindio, región andina central de Colombia.
5. En estos talleres también participaron representantes de la Unidad Municipal de Atención Técnica-Umata- de Cali, Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca-CVC-, Parques Nacionales (Los Farallones), Fundación Cipav y la Asociación del Río Cali.
6. Juan Arango, Francia Elena Sánchez, Marino Sánchez, Miguel Ortega y Javier Chicangana.